El RM Castilla empata 3-3 y se juega el playoff
Cestero luchando un balón dividido
Un agónico gol de César Palacios rescató un punto milagroso en el minuto 95, pero el Real Madrid Castilla dormirá quinto y se jugará la vida en la última jornada.
El fútbol es un teatro donde el monopolio de la posesión no siempre garantiza la victoria. El Real Madrid Castilla firmó un empate (3-3) frente al Arenas Club de Getxo ante los 1792 asistentes que se congregaron en el Estadio Alfredo Di Stéfano. La peculiaridad de esta jornada 37 radicaba en que todos los encuentros arrancaron a la misma hora, a las 17:00, convirtiendo la tarde en un hervidero táctico. Con el Tenerife ascendido matemáticamente tras asegurar la primera plaza, el filial blanco, quinto con 56 puntos antes del pitido inicial, afrontaba una guerra sin cuartel. La lucha por los playoffs exigía medirse indirectamente con el Celta de Vigo B (segundo con 64 puntos y prácticamente el único clasificado), el Zamora (tercero con 61), el Pontevedra (cuarto con 57), la Ponferradina (sexta con 54), el Barakaldo (séptimo con 54) y Unionistas (octavo con 52). Todos estos conjuntos pugnan por la ansiada promoción a LaLiga Hypermotion. Sin embargo, este tropiezo relega a los blancos a una última jornada de alta tensión.

El asedio inicial y la bofetada visitante
Los primeros compases del choque fueron un monólogo local. Durante los diez minutos iniciales, el conjunto madridista exhibió una intensidad brutal, haciéndose con el control absoluto del juego. Los vascos, completamente ahogados en la presión, no sabían de qué manera hacer daño y no lograban dar más de tres pases seguidos. La primera gran ocasión llegó en las botas de Pol Fortuny, quien sentó a su par con un regate en el área, obligando al portero visitante a despejar a córner su remate. La fluidez técnica blanca brillaba; un cambio de orientación rápido y letal de Palacios hacia la izquierda permitió a Alexis Ciria perfilarse y ejecutar un disparo a la escuadra, forzando una espectacular palomita del guardameta para enviar el esférico al saque de esquina.

La intensidad y eficiencia del RM Castilla mantuvieron el ritmo y la posesión durante 17 minutos de asedio. No obstante, el fútbol penaliza el perdón. En la primera acción donde el cuadro de Getxo logró encadenar más de cinco pases, se plantaron en el área rival y, en el minuto 18, Marcos Fernández culminó en gol una jugada que inicialmente parecía inofensiva (0-1). El tanto inoculó el virus de la duda en el cuadro local; al no haber materializado sus ocasiones previas, los jugadores blancos perdieron la precisión, rapidez y eficacia en la circulación del balón. El infortunio creció con la lesión de Valdepeñas; tras sufrir una dura entrada y recibir asistencia médica, el número tres intentó continuar renqueante de su pie derecho, pero terminó siendo sustituido por Lamini a los 37 minutos. Para encender aún más los ánimos, el portero visitante detuvo un ataque saliendo de su área y tocando el balón con las manos, una acción que el colegiado castigó solo con tarjeta amarilla ante el clamor del público, que exigía la expulsión; en el libre directo posterior, el Madrid estrelló el balón en el palo.
Castigo máximo y redención técnica
Justo cuando el Castilla recuperaba su solidez sobre el césped, un error gravísimo en la salida del balón desde la retaguardia facilitó una recuperación de Marcos Fernández. Este sirvió un centro milimétrico para su compañero A. Hidalgo, quien solo tuvo que acomodar el cuerpo para empujar el esférico a la red y establecer el 0-2. Los blancos se llevaban las manos a la cabeza, conscientes de que estaban desperdiciando una oportunidad de oro para consolidarse en el playoff. Era incomprensible verse dos goles abajo cuando el Madrid había realizado seis disparos y un ataque constante, mientras que el Getxo había facturado dos goles con sus únicos dos remates.
Sin embargo, el equipo tiró de orgullo. En el minuto 44, David Jiménez amagó con el disparo desde una posición franca, engañando a la zaga para poner un centro preciso que Fettal cabeceó al fondo de las mallas, marcando el crucial 1-2 antes del descanso. La efervescencia no se detuvo ahí. Segundos después, la magia técnica de Pol Fortuny firmó las tablas; al cazar un rechace con el portero en el suelo, el atacante tuvo la sangre fría de pisar el esférico, volver a sentar al guardameta y reventar el balón para clavar el 2-2 definitivo con el que se llegaría al descanso, levantando los brazos para alentar a una grada entregada al dominio local.

Transiciones estériles y el caos del VAR
En el segundo tiempo, el conjunto local movió el banquillo. Se retiró Fettal para dar entrada a Jacobo, un delantero de ferocidad y resistencia envidiables, con un hambre feroz de gol. Su intensidad fue tal que, tras ir al contacto en su primera acción, repitió la dosis en la segunda y vio la tarjeta amarilla; una entrega que resulta vital desde el minuto uno para cualquier equipo. Llegado el minuto 73, el choque bajó revoluciones hacia un ritmo más pausado. El Castilla amasaba la posesión buscando grietas en una defensa férrea, pero sufría para generar ocasiones claras, siempre vigilando de reojo las temibles transiciones vascas que ya les habían lastimado en el primer timepo.
El desenlace fue un auténtico drama. En el minuto 88, una patada de Lamini sobre el jugador Oscar Bazaga en el interior del área provocó que el técnico visitante, Ion Erice, solicitara acertadamente la revisión del VAR. El colegiado decretó la pena máxima, y en el minuto 92, el propio Oscar transformó el penalti (2-3), poniendo al Madrid contra las cuerdas de cara a la clasificación final. Cuando todo parecía perdido, en el minuto 95, un balón suelto en el área fue rematado de cabeza por César Palacios para establecer el épico 3-3 definitivo. El cierre del choque quedó empañado por el caos arbitral: el colegiado pitó el final sin permitir al banquillo blanco usar su carta de revisión del VAR en la última jugada; instantes después, con el choque teóricamente acabado y rodeado de quejas, el árbitro concedió la revisión a los locales solo para volver a decretar el final de forma rocambolesca.
Este empate relega al Castilla a dormir quinto, empatado a puntos con el Barakaldo, Ponferradina y Pontevedra obligando a los blancos a jugárselo todo en la dramática jornada final.
Tras este ejercicio de supervivencia defensiva y caos metodológico, surge una incógnita ineludible: ¿Será capaz el filial madridista de corregir su fragilidad en las transiciones y soportar la presión mental en la última fecha para sellar su ansiado billete al playoff?