Vinicius conquista Da Luz en un partido marcado por el racismo
Vinicius Jr levantando los brazos para celebrar la victoria (Foto de Angel Martinez/Getty Images)
Un misil histórico del astro brasileño y las manos milagrosas de Courtois otorgan una ventaja de oro al Madrid tras un indignante parón por insultos racistas sobre Vinicius en Lisboa.
Da Luz preparó la guillotina para el campeón de Europa y acabó atragantándose con su propio veneno. El Real Madrid conquista Lisboa (0-1) aferrado a los milagros de un Courtois antológico y al genio indomable de Vinicius, en una velada putrefacta donde el racismo detuvo el cronómetro, pero no al escudo. Una exhibición de pura supervivencia en el fango para encarrilar el pase a octavos y dejar una máxima innegociable: cuando el fútbol desaparece bajo la presión, la jerarquía blanca dicta sentencia.

Asedio y supervivencia
La primera parte fue un auténtico ejercicio de sufrimiento en las trincheras para los discípulos de Arbeloa. El Benfica planteó un asedio, estrangulando cualquier intento de salida de balón blanca y capitalizando los rechaces para encerrar a su rival. Sin ningún tipo de química entre la zaga y la medular, y con un Kylian Mbappé totalmente desconectado de las labores de presión, las transiciones fueron un espejismo. Sin embargo, el marcador no se rompió gracias a la intervención divina de Courtois, que extirpó el gol luso tras un disparo a contrapié de Fredrik Aursnes. En los compases previos al descanso, el bombardeo cambió de dirección y fue el guardameta Trubin quien construyó una muralla inexpugnable para anular las ráfagas ofensivas de Mbappé y Arda Güler.
La dictadura del talento y la vergüenza
El regreso de los vestuarios tras el descanso dictó la sentencia de este épico choque de trenes. El Real Madrid inyectó veneno a su presión alta, empujado por el abrumador despliegue físico de un imperial Camavinga. En el minuto 50, la magia se materializó: Vinicius condujo el esférico rompiendo las cinturas rivales y ejecutó un misil teledirigido a la escuadra lusa. Su posterior celebración, pegada al córner, le costó una tarjeta amarilla, pero el éxtasis deportivo colapsó poco después ante el bochorno.
El encuentro se congeló durante nueve interminables minutos tras activarse el protocolo antirracismo de la UEFA por los insultos de Gianluca Prestianni, quien llamó, supuestamente, «mono» al astro brasileño. La indignación y el caos devoraron a José Mourinho, técnico local, que acabó expulsado con una cartulina roja tras constantes protestas y tendrá que ver la resolución desde un palco en la vuelta.
Trinchera defensiva de acero
Tras el lamentable letargo, el Benfica recuperó el pulso sanguíneo e intentó dinamitar la defensa madridista mediante contragolpes eléctricos y balones divididos. Frente a ese último arreón, el retorno de Antonio Rüdiger al once inicial operó como un escudo antibalas, escoltado por un quirúrgico Aurélien Tchouameni que anticipó cada peligro. Los blancos, haciendo debutar incluso al canterano Thiago Pitarch, sellaron un 0-1 de oro puro. Lo hicieron a pesar de contar con un Mbappé sumamente errático en sus decisiones, confirmando lo que sentenció Álvaro Benito: «hoy no está en su plenitud». Con este triunfo pírrico, se vengan parcialmente las heridas del hiriente 4-2 del pasado enero.

Habiendo derribado los muros de Da Luz en uno de los ambientes más hostiles e insalubres que recuerda Europa, ¿estamos ante la chispa de furia que necesita el campeón para arrollar a cualquiera hacia el título?